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Sylvia Pardo
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Falleció la pintora Sylvia Pardo

La controvertida pintora Sylvia Pardo, quien tuvo importante presencia en los años 70 en el ámbito artístico, falleció el sábado pasado a la edad de 66 años, informó su hijo Pedro Rosenblueth.
Deliciosa, mágica, atractiva y cercana a personajes célebres es la referencia de su hijo Pedro para recordar a Pardo, a quien la muerte sorprendió en su casa, ubicada en un paraje boscoso cercano a la carretera a Toluca, el pasado fin de semana. “Mi madre tuvo la precaución de dibujar su ataúd, en el cual plasmó pavorreales y otros elementos en tonos azul y pastel; también pintó la urna donde descansaría para siempre.”

El deceso ocurrió por causas desconocidas, debido a que la pintora toda la vida se negó a consultar médicos y tomar medicinas, porque prefería la cura espiritual. “Toda la vida estuvo buscando a Dios”, aceptó Rosenblueth. “Fue gran artista y tuvo reconocimiento en cierta época, pero después desapareció de la vista de la sociedad y se retiró a su cabaña, enclavada en la delegación Cuajimalpa.”

Entre el legado artístico de Pardo, indica Rosenblueth, destaca su éxito como retratista y los alrededor de 2 mil rostros que pintó. De tres murales que plasmó sólo se conserva el que se encuentra en las instalaciones del Senado, porque se quemó el que se hallaba en la Cineteca Nacional y el que fue emplazado en el Bosque de Chapultepec.

Sylvia Pardo legó abundante obra entre más 150 óleos, dibujos y pinturas, varios con temas eróticos y de desnudos. La mayor parte de su acervo, que incluye cerca de 250 óleos de gran formato, fue adquirida por Jorge Hank Rhon, su principal coleccionista y mecenas. Su amiga Ana Klein dijo: “Era una enorme pintora y tuvo éxito internacional con sus obras, pero también fue malquerida por los artistas de su tiempo, debido a que era más grande que muchos de ellos”.

A la pintora le sobreviven sus hijos Tania, Pablo y Pedro, quienes prepararan libros con obra de la creadora y adecuan la cabaña para depositar sus cenizas en el jardín.

Ana Mónica Rodríguez | La Jornada martes 10 de Junio de 2008